Relatos eróticos – Antiguo amor de juventud

Redaccion Influensex

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Antiguo amor de juventud

La vio y no lo podía creer. Le costó un poco reconocerla porque el paso de los años le había cambiado en parte su fisonomía. Tenía otro peinado y su figura, si bien era todavía apetecible, ya no era aquella que provocaba miradas masculinas por donde pasara.

Habían pasado un poco más de 30 años desde la última vez que se vieron. Por supuesto que se acordaba de esa última vez que discutieron por una pavada, que precisamente no recordaba en ese instante. Habían sido novios por más de tres años y estaban muy enamorados hasta que pasó lo que pasó. Estaban caminando por la calle de su barrio, discutieron por algún motivo. Una palabra trajo a la otra, fueron levantando el tono de sus voces hasta gritarse. Recuerda que en un momento se dio vuelta y se marchó enojado.

Ese enojo duró bastante. Treinta años. Eran tan tercos y cabezas duras que ninguno quiso aflojar. Él estuvo tentado muchas veces en llamarla, de hecho varias veces había marcado su número de teléfono pero había cortado antes de que atendieran porque no sabía que decirle. Tampoco ella lo había llamado. Mil y una veces se preguntó cómo era posible que después de tanto amor y pasión solo hubiera quedado el silencio.

Estaban en un centro comercial, él iba sólo buscando comprar un regalo de cumpleaños para su hijo menor. Cuando la vio miró alrededor de ella tratando de descubrir si iba acompañada de alguien. Así la siguió un largo trecho hasta que se convenció que ella también estaba sola. Tomó coraje y la llamó

… Carla, Carla…

Ella se dio vuelta y miró hacia el sitio de donde creía venía esa voz que le resultaba familiar. Lo vio y poniendo cara de asombro, dijo

… Roberto, sos vos?

… Si soy yo aunque parezca que estás viendo un fantasma…

…No lo puedo creer. Volver a verte después de tanto tiempo. Dime cómo estás?…

… Yo muy bien y vos?…

…Yo también muy bien. Acá me vez haciendo algunas compras para la familia…

…Yo estoy en lo mismo. Pero mira, si tienes un poco de tiempo te invito un café. Me dará mucho gusto charlar contigo, digo si quieres…

…No hay problemas. Precisamente hoy me dediqué a estas compras porque tenía toda la mañana libre…

Fueron a una cafetería cercana. Al principio les costó arrancar porque ninguno quería empezar a recordar el incidente de la ruptura, así que comenzaron a relatarse sus recíprocas vidas. Ella casada desde hace 28 años con dos hijos, un varón y una mujer, ambos ya mayores y profesionales. El varón médico y la mujer abogada. Roberto por su parte contó que él también se había casado y que tenía al igual que ella, dos hijos, ambos varones. El mayor también abogado y el otro contador.

Por recato o respeto, no hicieron referencias a sus respectivos cónyuges. Tal vez el subconsciente de ambos trabajó para no mencionarlos. Era mejor así.

La charla siguió por varios carriles comunes. Se preguntaron que había sido de los padres de ambos, donde vivían, donde trabajaban o habían trabajado , donde veraneaban, y mil cosas triviales que, sin embargo ambos sentían como importantes al no poder o no querer encarar los verdaderos temas que les interesaban. Sin embargo Roberto se sintió con la obligación de decir

…Carla, yo sé que pasó mucho tiempo y que las cosas se olvidan, pero yo no quiero recordar el tema que nos separó, pero si algo que te dije aquella vez te pudo haber ofendido quiero pedirte mil perdones…

…Yo podría decir lo mismo. Pero dejemos eso en el espacio de tiempo en que ocurrió…

…Discúlpame que te lo diga, pero la verdad es que después de separarnos estuve mucho tiempo pensando en vos y me costó mucho olvidarte. Que digo olvidarte, en realidad creo que nunca te olvidé. Si hoy cuando te vi en el mall el corazón me dio un brinco…

…Vamos Roberto no digas eso. Ya pasó mucho tiempo y las heridas como los amores, cicatrizan, o no?

…No sé qué decirte. Te vuelvo a repetir que al verte tuve un cimbronazo…

…Bueno no creas que a mí me resultó indiferente cuando te reconocí. En un segundo pasaron por mi mente mil y un recuerdos…

…De los lindos, no? Porque fueron tres años inolvidables en lo mejor de nuestra juventud. Quien pudiera volver a vivirlos…

…Fue una lástima lo que pasó. A veces pienso en que nos hubiera deparado el destino si hubiéramos seguido juntos…

…Quien sabe, no? Tal vez con el carácter que teníamos ya nos hubiéramos divorciado…

…Puede ser, como también hubiera podido ser que ahora estuviéramos haciendo compras para nuestros hijos…

…Carla, si te invito a almorzar un día de estos, aceptarías?…

…Porque no? Será cuestión de programarlo y hacemos los arreglos. Dame el número de tu celular y anota el mío así cuando nos llamamos sabemos de quien se trata…

…Mira, como seguramente a ti te resultará más difícil encontrar el momento, te comprometo a que tú me llames con un día de anticipación y yo acomodo mis ocupaciones para vernos. Yo pasaría a buscarte adonde me digas. No me falles, eh?…

… Te llamaré no te preocupes…

Se dieron un beso de despedida que por casualidad o no, fue muy cercano a los labios.

Carla cumplió su promesa. Lo llamó a la semana siguiente y acordaron en encontrarse el jueves que era el día que Clara reservaba para sus cosas y lo tenía hasta la tarde noche. Roberto la pasó a buscar en el sitio convenido y marcharon hacia un restaurante muy bueno y discreto, un tanto alejado de los respectivos hogares.

Resultó un encuentro muy agradable, pues los dos estaban de buen talante y muy emocionados por el nuevo reencuentro. Entre plato y plato pasaron revista a sus vidas desde aquel momento de la separación hasta esos días. La comida y por ende la conversación estuvo acompañada con un excelente vino blanco, a gusto de Carla, que poco a poco los fue poniendo alegres y más sueltos, tanto en los temas de conversación como en las manifestaciones de afecto. Así fue como Roberto, en un momento dado, tomándole las manos con las suyas le dijo embelesado

…Sabes una cosa Carla, fue verte nuevamente y darme cuenta que todavía estoy enamorado de ti…

…No me digas eso que me hace sentir un poco rara, porque a mí también me están pasando mensajes los recuerdos. Y no es el vino…

…Qué estas sintiendo en este momento?..

…Que esos recuerdos de los momentos más lindos que pasamos se agolpan en mi mente como empujándome a algo que no sé qué es…

Roberto casi no la dejó terminar la frase cuando posó suavemente sus labios sobre los de Carla, quien para sorpresa y satisfacción de él, no se negó a ese beso. Por el contrario, abrió sus labios y recibió dentro de su boca la lengua de Roberto que no esperaba esa reacción. A ese beso que se prolongó durante unos largos minutos, siguieron abrazos y caricias que no fueron mayores porque estaban en un lugar público. Si bien no había mucha gente, la poca que estaba, los miraba con curiosidad. No es normal ver a una pareja cincuentona hacer públicamente esas muestras cariño. Cuando las manos ya buscaban desplazarse hacia otras partes más íntimas, Roberto reaccionó e hizo la pregunta del caso.

…Estás de acuerdo en buscar un lugar con más intimidad?…

…Sí, llévame a donde tú quieras…

Sin perder un segundo pidieron la cuenta y se marcharon. Adonde? Pues a un hotel de paso que no estaba lejos de allí.

Todo marchaba a las mil maravillas, aunque nomas entrar a la habitación y quedar solos, se quedaron mirando el uno al otro fijamente como preguntándose si estaban dando el paso correcto. Por un momento los sentimientos de culpa ocuparon sus mentes. Todo se resolvió cuando Roberto la tomó de la mano y la invitó a sentarse en un sillón. Ya sentados se abrazaron fuertemente y se volvieron a besar casi brutalmente. Eran besos contenidos y guardados por más de treinta años. Fue el comienzo; a partir de allí se desató la pasión que los viejos enamorados mantenían vigente.

Las manos ahora sí tuvieron la libertad de explorar el cuerpo amado. El acariciando su cara y mirándola a los ojos, comenzó a soltar uno a uno los botones de su camisa y se la quitó dejando al descubierto su sostén que con esfuerzo contenían a sus dos senos henchidos de pasión. Ella por su parte hizo lo mismo y cuando retiró su camisa acarició suavemente el pecho de Roberto. Comenzaba así la ceremonia previa del amor carnal.

Rodeándola con sus manos desabrochó su pollera y bajó el cierre para dejarla caer, así Carla quedó expuesta con su bikini negra haciendo juego con el corpiño. Roberto imaginó que esa vestimenta había sido usada a propósito porque él siempre reclamaba en sus viejos encuentros amorosos, ropa interior de ese color. El detalle lo animó a seguir con más decisión. Ella siguió con su tarea y desabrochando su cinturón y los cierres, también dejó caer el pantalón. Roberto la tomó de la mano y la dejó caer en la cama para acostarse junto a ella y comenzar nuevamente a besarle en la boca con besos profundos donde las lenguas jugaban entre sí.

No había palabras, solo acción. Dejó de besar su boca para hacerlo en el lugar que según recordaba era el sitio más erógeno de Carla, su oreja. Besos y lamidas en ese sitio provocaron el primer estremecimiento en el cuerpo de la mujer. Siguió con su recorrida de besos, caricias y suaves chupones por su cuello y hombros para detenerse unos segundos para quitarle el corpiño liberando sus pechos, en donde su lengua se recreó lamiendo y chupando toda la superficie para recalar en los pezones que mordió con sus labios. De la boca de Carla solo se escuchaban suspiros y algún gemido.

Siguió el camino reconociendo cada centímetro del cuerpo amado, oliéndolo y también degustando el sabor de su piel. Se trataba de gozar el momento con todos sus sentidos. Jugó unos segundos con su lengua en el ombligo porque sabía que eso le agradaba, de allí bajó a su vientre y pelvis. Contra lo esperado por Carla no se detuvo en su panocha sino que siguió besando y lamiendo sus piernas hasta llegar a sus pies. Era su ceremonia de adoración.

Carla se sentía en la gloria. Hacía mucho tiempo que la rutina del matrimonio la había atrapado y las sensaciones que ahora estaba percibiendo parecían de viejas épocas ya olvidadas. Dejaba hacer porque realmente estaba sumida en un estado de sublime letargo de donde no quería salir. Lo suyo eran suspiros y goce absoluto.

Roberto volvió a su punto de partida besándola y meciéndole los cabellos con una mano, bajó la otra hasta el comienzo de su bikini y la introdujo hacia su pelvis. Jugó con sus pelos púbicos un buen rato, para seguir viaje y llegar al sitio deseado. Lo encontró húmedo y viscoso de los jugos que en su suprema calentura, Carla había liberado. Sus dedos acariciaron los labios externos de su vulva con movimientos de arriba hacia abajo, para luego abrirlos y jugar con los labios interiores sin penetrarla aun. Las caricias se sucedían una tras otras. En determinado momento sus dedos expertos buscaron el clítoris y con solo rozarlo Carla estalló en un orgasmo brutal convulsionando todo su cuerpo a la vez que dejaba escapar gritos de placer que a Roberto le halagaron los oídos.

Dejó de acariciarla para abrazarla fuertemente al tiempo que en su oído dejaba caer palabras de amor, para luego continuar con esa sucesión de besos que parecía que nunca iban a acabar. Ella le devolvió sus besos al tiempo que le reprochaba cariñosamente el haber recordado sus puntos flojos para arrancarle ese polvo que la conmovió en todo sus ser.

Cuando la sintió calmada y con la respiración normal, le anunció que tomaría por asalto bucal su panocha pidiéndole que se preparara para gozar más aun. Uniendo la acción a la palabra, se deslizó hacia la zona, abrió suavemente sus piernas para darle cabida a su cara y se zambulló hacia su deseada almeja. Tenía la lengua un poco larga y muy ancha, herramienta que manejaba con maestría y que le permitía cubrir toda la concha de una sola lamida. Empezó la tarea lentamente por las partes de las piernas que rodean la panocha. Zona que también conocía que era del agrado de Carla. Luego se dedicó por entero a esa vulva que manaba cada vez más jugos que Roberto saboreaba con gusto y placer. Volvió a recordar el sabor de esos jugos que su memoria aun retenía. Lamía y lamía, de pronto chupaba para luego volver a lamer, en un momento dado usando la lengua como ariete se introdujo en la cueva arrancando un nuevo grito de ella. Luego le llegó el turno nuevamente al hinchado y excitado clítoris que recibió su ración de lengua y también algunos suaves mordiscos. Carla no decía nada, en realidad no podía hablar porque había perdido la conciencia y sus jadeos eran cada vez más frecuentes. Cuando Roberto volvió a introducir su lengua en la cavidad al modo de una verga, no aguantó más y volvió a derramarse con otro orgasmo prolongado arqueando su cuerpo con estremecimientos de gozo. Solo salió de su boca un gemido que decía, Te amo, soy tuya, repetido varias veces.

Roberto dejó por un momento sus caricias y retomó la posición junto a ella con su cara mojada por los jugos de su vulva y la besó en la boca, juntando las salivas de ambos con los flujos vaginales de Carla. La abrazó muy fuerte sin dejar de repetirle cuanto la amaba y lo feliz que estaba siendo.

Carla no podía salir de su ensueño. Hacía tanto tiempo que no tenía una sesión de sexo como la que estaba viviendo y precisamente con Roberto, quien había sido el gran amor de su vida. Rogaba que esta cita no acabara nunca. Pero había más todavía. Ella sabía que en unos minutos más él la iba a penetrar. Su panocha que había recibido todas esas caricias estaba esperando esa verga que tanto ansiaba y por la cual ya estaba derramando jugos nuevamente.

Roberto ya no podía contener sus deseos. Quería penetrarla y volver a vivir una pasión que a cada momento volvía a su mente. Con un suave movimiento la puso de espaldas, le levantó sus piernas sobre sus hombros y tomando su endurecida verga la ubicó a la entrada de su cueva. Allí se detuvo unos segundos acariciando con su miembro el excitado clítoris. Carla totalmente entregada a la lujuria le reclamó en voz alta que no se demorara y la penetrara porque nuevamente se venía. Roberto vivía su momento y siguió jugando con el clítoris, Carla respondió con otro orgasmo para gusto de Roberto, que esta vez no se detuvo sino que apuró la penetración deslizándose muy despacio dentro de su interior. Siguió su tarea hasta que sintió que su miembro había llegado al tope de su recorrido. La miró y contempló la cara amada que con sus ojos cerrados y sus labios apretados era la viva expresión del gozo.

Y comenzó a meter y sacar. Despacio primero, para ir luego acelerando de a poco llevando un ritmo creciente y tratando de contenerse para que el goce final fuera más profundo. Aguantó bastante, cuando sintió que su corrida era inminente se dejó caer para abrazarla fuertemente al tiempo que de su verga salían largos gatillazos de semen que inundaban el sexo de Carla. Una, dos , tres, cuatro, cinco y hasta seis descargas recibió Carla quien también sintió que su cuerpo acompañaba con otro orgasmo las entregas de Roberto mientras sus jadeos eran incontenibles. Fue un polvo total, brutal e inolvidable, como ambos recordarían tiempo después.

Sus cuerpos quedaron rendidos. Hacía mucho tiempo que no habían tenido una experiencia sexual en donde se combinaban el deseo carnal y el amor. Se tomaron de la mano apretándolas para ir recuperando el sentido y volver a la tierra desde el paraíso en que habían estado. Ya estado normal Roberto dijo

…Todo fue como si no hubieran pasado esos treinta años, no?…

…Para mí y por un momento, dijo Carla, me pareció que estábamos otra vez en aquellos tiempos…

…Otros cuerpos pero la misma pasión de ayer…

…Pasión difícil de olvidar. Recuerdo que a ti te gustaba cuando hacíamos el 69, que locura aquello…
…Lo podríamos repetir, que te parece, se animó Carla?…

…Genial. Seguramente con tus caricias mi muchacho volverá a tener vigor…

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Se acomodaron con Roberto de espaldas y comenzaron a darse mutuo placer. Carla logró en unos pocos segundos que la verga tomara una dura dignidad y con su lengua lo recorrió en toda su extensión para acabar metiéndoselo en su boca para lamer y chupar a destajo. Por su parte Roberto enfrentado nuevamente a esa deliciosa cueva no es**timó juegos con su lengua y labios. La traviesa lengua recorrió sitios conocidos de antaño y con la pasión del momento hizo vibrar de placer a Carla. Parecía una competencia para ver quien lograba dar más placer al otro, el empeño era total y de ambas bocas salían gemidos de gozo. Así estuvieron largo rato hasta que ella anunció que su corrida estaba próxima. Roberto le pidió que acelerara sus chupadas para correrse al mismo tiempo. Y lo lograron, ambos satisfechos y empapados y felices se volvieron a unirse en un beso largo y profundo.

Vueltos al reposo, tomados de la mano, escucharon el timbre del teléfono que anunciaba que estaba próximo el término del turno.

…Lástima que ahora tengamos que volver a nuestras rutinas, no te parece? Dijo Roberto…

…Sí, pero ya no será lo mismo. Siempre estaremos esperándonos para revivir aquellos y estos momentos, porque estoy convencida que nuestro amor aun está vigente…

…Sabes una cosa, yo opino lo mismo. Ahora que nos hemos vuelto a encontrar nada debe separarnos…

Se levantaron, se ducharon, se vistieron y dejaron en silencio el lugar. Hicieron el recorrido inverso y al bajarse del auto Carla dijo

…Ya tenemos nuestros mails secretos y nuestros números de celular. No hay forma de volver a perdernos…

…Te escribiré a cada rato y cuando te sientas libre me llamas y nos volvemos a ver. Te amo Carla, te amo…

…Yo también…

Se dieron un largo beso de despedida alejándose cada cual por su camino.

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